Economía y Finanzas
La intervención del Gobierno de España por parte de la UE (y2)
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Quizá los dirigentes de las entidades financieras que deben ser intervenidas tengan el mismo perfil defectuoso que este gobierno: Incompetencia, irresponsabilidad, cortoplacismo, avestruzamiento, etc. En el caso del gobierno se agrava, además, con un electoralismo que es inversamente proporcional a la capacidad del país para salir de la crisis. En ambos casos: Directivos de entidad financiera y gobernantes de Estado en graves apuros y necesitados de intervención,
se da el mismo fenómeno corrupto que es la interferencia de la política sobre las finanzas (lo comentamos en este artículo). Pero existe un problema esencial añadido: La soberanía pseudo-compartida. La soberanía española y europea entra en conflicto en esta crísis económica. ¿Qué puede hacer Europa ante un miembro (o varios) soberano que debería ser intervenido? La UE pretende salir de esta crisis igual que entró: al unísono. Pero debe mantener compartimentos estancos si no quiere que el hundimiento de un miembro en mal estado y con mala cabeza arrastre al resto de la Unión. Esos compartimentos estancos se abrieron voluntariamente, en tiempos de bonanza y convergencia económica, al adoptar una única moneda y política monetaria. Pero no se adoptó una única política económica. Y hoy esta falta de soberanía europea está tensando la cuerda hasta extremos difíciles de predecir. Por todo ello, la tensión puede derivar hacia dos escenarios bien distintos: Una ruptura que vuelva a cerrar dichos compartimentos estancos, mediante una política monetaria propia para los países que necesitan hacer un uso de ella específico; o bien hacia una intervención de facto del gobierno de España en materia económica. Lo segundo sería obviamente la opción menos traumática y por tanto políticamente más probable, ya que se produciría (de hecho se está ya produciendo de forma incipiente) de forma encubierta y políticamente correcta. Es decir que lo que hasta ahora han sido sugerencias y avisos a navegantes por parte de la UE, se transforme en ultimátums bajo amenazas inconfesables que jamás saldrán a la luz (quizá en algún párrafo increíble de las memorias de algún protagonista que se publiquen dentro de una o dos décadas). O sea que lo más probable es que se intervenga en la política económica española de forma más o menos sutil, pero sin ninguna garantía de que esa intervención se haya realizado a tiempo de evitar la quiebra. Desde luego, mientras no veamos cambios sustanciales en la política económica española, debemos pensar que no se está llevando a cabo la intervención efectiva por parte de la UE. En ese triste caso sólo nos queda la traumática opción de que los compartimentos estancos vuelvan a cerrarse en una involución de la UE impensable para la mayoría. Pero como decía el genial Eugenio en su famoso chiste: ¿Hay alguien más? Es decir, ¿Existe una tercera opción? Por supuesto: Que la UE asuma los errores del pasado, presente y futuro de la economía española, que sepa encajar una UEM (Unión Económica y Monetaria: Divisa y política monetaria) entre economías absolutamente divergentes, y que ponga su cara y su bolsillo sobre la inminente explosión de los países como España. Ya de paso, podríamos exigir que Papá Noel abandone Laponia y traslade su sede central a Madrid. Quizá también nos lo acepten.
Comentarios (2)
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Sin embargo lo de cerrarnos el grifo y apretarnos fuertemente las tuercas para que ellos puedan mantener a salvo su culo, me parece más probable. Y hasta es posible que nos venga bien pasar hambre hoy para comer mañana.