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Cómo gestionar una fortuna... mal
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La primera estupidez que dice es que si tiene 35 años y desea tener una renta mensual de 300.000 pesetas (aún contábamos en pesetas en 1997...), necesitará algo más de 95 millones de pesetas para vivir hasta los 80 años. A esa edad acabará con 0 pesetas. Si lo que quiere es conservar su capital en este mismo ejemplo y con esa misma esperanza de vida, el dinero necesario será de algo más de 118 millones de pesetas. Habrá conseguido vivir sólo de intereses. Eso sí, añadía la coletilla "siempre que sea capaz de invertir su dinero correctamente, por méritos propios o con el asesoramiento de expertos". Esta capacidad de invertir "correctamente" se refería a conseguir un rendimiento sostenido en el tiempo del 1% superior a la inflación oficial. Craso error. El caso es que a base de unas tablitas de lo más ingenuas, la autora pretende planificar la vida financiera de todos sus lectores durante toda su vida. Peligroso, sí. Estúpido, también. Veamos las tablas de la ley según las cuales podemos alcanzar el secreto de la vida (financiera): Por un lado tenemos el supuesto de superar sostenidamente la inflación en un 1%, y por otro superarla en un 3%. Eso sí, siempre con una inflación constante y real del 3%.
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Resulta cuando menos curioso que no aplique al menos la misma inflación a la quota o sueldo que se pretende mantener toda la vida. Sin esa previsión, nos encontramos, tan sólo 13 añitos después, con un "sueldo" de por vida de apenas 1.800'-€. Para los más jóvenes os diremos que en 1997 300.000'- ptas/mes era un sueldazo comparable al menos a 3 o 4.000'- € de hoy. De hecho habla de 1.500'-€ como referencia estadística de un gasto total mensual por Familia en 1997, cuando hoy (y sobre todo mañana, cuando los tipos repunten) tan sólo las quotas de la hipoteca y el coche suelen ya superar con creces esa cifra... Además, la inflación real históricamente viene siendo bastante mayor que la oficial por diversos motivos políticos y económicos. Por tanto, se cometen dos errores de base clamorosos: La imprevisión de la inflación en la quota y que sólo es obviable en escenarios depresivos y excepcionales como los que nos está tocando vivir en estos momentos, y que la inflación (o deflación) real es mayor a la oficial anunciada. Pero el horizonte inflacionista puede estar a la vuelta de la esquina y además repuntar mucho más allá de ese 3% debido al quantitative easing en el que estamos inmersos. Por tanto el treintañero que creyó el cuento de hadas del semanario "Su Dinero" hace ya 13 añitos, es ya un rentista mucho más precario que lo prometido en su tablita de marras. Tan sólo a título informativo y como referencia que será muy reveladora para algunos: Veamos a continuación la rentabilidad media anual que habría conseguido este inversor desde 1997 hasta hoy en los siguientes fondos de inversión en comparación con la evolución de los índices:
El cálculo de la inflación real sufrida y el de las necesidades crecientes de renta con el paso del tiempo, es ya un cómputo que nadie puede hacer por nosotros. Espero que muy pocos hicieran caso del articulito de El Mundo y su flamante suplemento económico. También te puede interesar: Como una ola, la pasta entró en mi vida... loterías. Más información en http://twitter.com/ClusterFO |
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De partida, es tan difícil distinguir a un asesor financiero de un comercial (financiero) que los propios directores de sucursal de muchísimas entidades, en realidad, no ejercen de asesores, sino de vendedores entre los que distribuir sus productos (fondos, fondos de fondos, depósitos, etc.) para conseguir, primero, sus objetivos a nivel personal o de sucursal, depende del caso y, luego, si beneficia al cliente, mejor.
El problema es que, como se ha visto en esta crisis, la mayor parte de la gente no tiene una buena formación financiera (¡¡¡Cómo!!! Yo sí, dirían, todos.) y eso les lleva a confiarse demasiado de los comerciales / asesores de las entidades financieras o de las agencias de bolsa no bancarias, con las consecuencias que decís. Al final, una bonita voz, un traje (que ni siquiera es bueno) o una buena decoración pesan más que un buen asesoramiento. Pero, ¿por qué? Porque la falta de conocimientos financieros o de criterio llevan a confiar a la gente en otros que, quizás, tampoco los tienen, algo que no se cuestionan y, aunque lo hicieran, no podrían saberlo siempre.
¿Quién suele recurrir a un asesor financiero competente, igual que a un buen abogado, o a un buen médico? Quien más consciente es de esa necesidad, pero también quien mejor informado está y por eso sabe quien es bueno y quien es malo en el sector. Y no sólo eso, también quien más recursos tiene, porque los buenos asesores financieros, generalmente sólo son accesibles para los que tienen un gran patrimonio. Los demás tienen que conformarse con el asesor, que al final resultó ser un comercial, de su entidad bancaria más próxima, bien porque es lo único que conocen, bien porque conociendo otras cosas, no están a su alcance, de manera que el asesoramiento financiero de calidad, aunque en teoría debería existir desde el primer euro, al final puede existir a partir de 150.000, 300.000€, 500.000€… 3.000.000€, dependiendo de la entidad y de cada caso. Y quien no tenga ese dinero, no podrá ser convenientemente asesorado en la práctica y tendrá que conformarse con unos fondos de inversión generalmente mediocres.
Muy pocos asesores están dispuestos a trabajar con pequeños patrimonios porque no les resulta rentable o sería muy caro para el cliente. El problema que tiene para el cliente trabajar por dinero es que el asesor le dedica más tiempo y mejores recursos al que más tiene; la ventaja que tiene para el cliente (que en este caso ya no sería considerado como tal) un asesoramiento altruista o filantrópico es que el patrimonio del cliente ya no importa, sino su situación personal y su caso particular. Pero de esto último hay muy poco, al menos en finanzas, tantos como "comerciales / asesores" que traten a todos los clientes por igual, independientemente de su patrimonio. ¿Utopía o realidad?
DJ